del Ciberespacio al Neuroespacio.


Charla de Peter Lamborn Wilson (H.B.)
Dada durante la conferencia “Próximos Cinco Minutos” en Medios Tácticos, Amsterdam, 19 de Enero de 1996


Aprendí el término “Neuroespacio” del artista Vlad Muzesky, de Kiev, a través de Geert Lovink. Inmediatamente pensé que se refería a una comparación de ese espacio que se plantea como perteneciente a la computadora, con el espacio neural o la experiencia intra-corporal que, para la mayoría de nosotros, traen las drogas psicodélicas principalmente – el neuroespacio como el espacio de las halucinaciones, por ejemplo. Quisiera comparar y contrastar, como se solía decir en la escuela, el ciberespacio con el neuroespacio. Hay similitudes y diferencias.

Recuerdo hace unos años, cuando la realidad virtual de pronto apareció en escena como por arte de magia, haber ido a una conferencia en Nueva York donde Timothy Leary, Dios lo bendiga, aparecía junto a Jaron Lanier y un par de cibernautas más. Tim tenía el visor puesto, estaba en el escenario y dijo

- “Oooh, ¡he estado aquí antes!”

Así que desde el principio que se estableció una conexión entre la realidad virtual y la experiencia del LSD – o, como algunos preferimos llamarle, la “experiencia enteógena”, que no es más que una manera rebuscada de no usar la palabra psicodélica, ya que alerta a la policía. En realidad, “enteógeno” significa el nacimiento del “Dios Interior”. Puedo usar este término que tiene sentido para mí a pesar que no soy un teísta en estricto rigor. No creo que haya que creer en Dios para entender que puede haber una experiencia del Divino Devenir Interno.

De hecho, históricamente – y, por lo menos para mí, experiencialmente y existencialmente – ése ha sido el aspecto más importante de la reaparición de las drogas psicodélicas durante mi vida. Soy casi un contemporáneo exacto del LSD: nací en 1945, y Albert Hoffman ya estaba cocinando varias versiones preliminares. El verano pasado llegué a conocer a Hoffman, y él mismo es una publicidad maravillosa para la experiencia psicodélica. Tiene mucho más de 80, y está vivito y coleando – tiene todas sus neuronas y aún trabaja, come como caballo, toma como un pez. Estamos hablando de un tiempo tan largo como mi vida.

Hay una pregunta histórica, en la historia de las religiones en sí, y ésta es: ¿De dónde vienen los psicodélicos?

Terence McKenna cree que la mismísima conciencia humana es producto de la experiencia psicodélica, específicamente del hongo de psilocibina. Cree en que un día un simio ingirió un hongo y se volvió humano, porque apareció la cognición. Terence dice que lo que nos hace humanos es la experiencia psicodélica. No sé si creo en ésto literalmente; en cualquier caso, no creo en un orígen único de la conciencia humana. Pero es iluminador pensar en la posibilidad de que podamos deber nuestra diferencia con otros miembros del clan simio a nuestra habilidad de experimentar los psicodélicos de cierta manera. Si éste fuera el caso, sería cierto que toda nuestra experiencia cognitiva – que históricamente pertenece a la categoría de lo que se conoce como “religión” – habría empezado con los psicodélicos. La experiencia psicodélica en su totalidad coincidiría en el tiempo con el devenir humano. Una hipótesis interesante; podemos añadirla a todas las teorías del orígen del hombre.

Me gusta pensar en palimpsestos. En la Edad Media no había mucho papel, así es que se escribía algo en un papel, y luego se escribía otra cosa en el mismo papel. A veces incluso se escribía una tercera vez encima. Estaban acostumbrados a leer así. Mi enfoque teórico es palimpséstico: me gusta apilar teorías una arriba de la otra y alzar todo el lote contra la luz para ver si todavía se ve algo a través. Imagínenselo como un papel celuloide pero con montones de escritura. Añadir todas las teorías, una encima de la otra.

La forma positiva de ver la conciencia es que es “nosotros”. Su forma negativa es que la misma conciencia pareciera ser un proceso de separación. Georges Bataille habló sobre ésto de un modo interesante: hipotetizaba que toda religión se trata del trazo de memoria de un tiempo en que el humano estuvo separado de la naturaleza – digamos, del animal. Y si creemos en la evolución, ésto es justo literalmente cierto. Hubo una época en que éramos algún tipo de monos. Es en el momento de la conciencia que ocurre tal separación. De súbito. ya no es cuestión de la experiencia animal y lo que Bataille llama la “intimidad original”. Ahora somos sacados de la matriz y sumergidos en la cognición. La religión, en esta visión, empieza inmediatamente después de este momento, porque religio significa reenlazar, vincular de nuevo. Lo que intentamos hacer con todas estas formas religiosas y filosóficas es tratar de conectarnos con la intimidad original, que perdimos cuando comenzamos a experimentar la cognición.

Si Terence está en lo cierto, entonces la cognición empieza con las drogas, y luego el próximo paso sería tomar más drogas para tratar de recuperar lo que uno ha perdido. Así que, en esta lectura, la conciencia humana y la religión humana, que están relacionadas tan de cerca, siempre habrían estado involucradas con plantas psicodélicas. Aquí nos encontramos con un problema en antropología, del que me he enterado sólo recientemente. Como los antropólogos ven a las sociedades más “primitivas” que se pueden hallar – es decir sociedades tribales de cazadores-recolectores – estas sociedades no parecen tener mucho que ver con los psicodélicos. Según los antropólogos, las plantas psicodélicas ocurren en la historia humana con la agricultura – por ende, a lo más, hace 12000 años.

La Agricultura, la edad en la que aún estamos, es a lo más el 1% de toda la historia humana. Pero si vamos a Latino América y comparamos las tribus cazadoras y los agricultores primitivos, que cultivan un poco de vegetales de subsistencia, cazan y pescan un poco – sin liderazgos fuertes, muy igualitariamente – es en estos grupos que comenzamos a ver emerger las plantas psicodélicas como un fenómeno cultural. Inmediatamente me dí cuenta que aquí algo está mal. ¿Por qué los agricultores sabrían más de plantas silvestres que los cazadores y recolectores, que de hecho dependen de las plantas silvestres? Dependen al menos un 70% en la recolección, y solamente un 30% de la caza. La recolección, que suelen hacerla las mujeres, es mucho más importante económicamente que la caza, que suelen hacerla los hombres. Los hombres piensan que la caza es mucho más prestigiosa, pero es menos importante económicamente. Por supuesto que los cazadores saben de todas las plantas, pero no necesariamente lo han ritualizado aún: no han hecho un culto de la planta psicodélica.

La Agricultura es la única nueva tecnología radical que haya aparecido jamás en el mundo; equivale a un tajo en la tierra. Si leemos cualquier antropologìa acerca de los Americanos Nativos, encontraremos que cuando los Europeos blancos llegaron y trataban de forzar la agricultura en las tribus, los pueblos tribales siempre decían lo mismo:

- “¿Qué, quieren que violemos a nuestra Madre, la Tierra? Es perverso. ¿Cómo pueden pedirle hacer ésto a seres humanos?”
La Agricultura inmediatamente les parece un mal negocio a estas tribus. No cabe duda que esta tecnología lleva inevitablemente y bastante rápido a jerarquías sociales, separación, estructura de clases, la propiedad, y la religión como la entendemos – una clase sacerdotal que le dice a todos los demás qué hacer y cómo pensar. Lleva, en otras palabras, al autoritarismo y, en última instancia, al Estado mismo.

La Economía, el dinero, todas las miserias de la civilización, se lo debemos a la agricultura. Antes de ello, tenemos dos millones de años de caza y recolección, el hermoso arte de las cavernas, un mundo que parece sospechosamente utópico, una era dorada en comparación con muchos de los problemas que trae la agricultura. En cierto sentido, la agricultura es un caer de la gracia. No quiero ser un reaccionario, un ludita – simplemente estoy señalando algo que es muy verdadero y obvio, pero que le tomó mucho tiempo comprender a los seres humanos civilizados. En los 1960s, el antropólogo Marshal Sahlins descubrió que las sociedades cazadores recolectoras que existen hoy trabajan sólo un promedio de cuatro horas al día para obtener alimento – mientras que las sociedades agrícolas trabajan un promedio de diez y seis horas al día. Los cazadores recolectores tienen más de 200 tipos de comida en su despensa en el curso de un año, mientras que los agricultores primitivos solamente comerán un promedio de veinte.

[... traducción en proceso] >>